El modulor de ranas.

​Cinco de la mañana y el amanecer nos encontró esperando para entrar al Taj Mahal. Sabíamos del calor y de las horas sin domir, sabíamos de los viajes eternos en ómnibus, pero nada te prepara para esto. ¿Cómo imaginar las experiencias que estamos viviendo? ¿Cómo imaginar el cansancio?

Era de noche aun cuando llegamos. Fila india -ja- separados hombres y mujeres por barras de metal, somos los primeros para entrar, medio dormidos, sin comer y transpirados. Empieza a aclarar, están por abrir cuando escuchamos gritos al final de la fila, una víbora atacando un pájaro, situaciones que ya nos empiezan a parecer normales. ¿Cuántas ranas entran en una junta? pregunta uno al verlas escondiéndose en el único lugar que parece fresco. Habría que ver el volumen. ¿Si las ponemos en un frasco? ¿Cuánto espacio libre precisan alrededor? Tendríamos que restar eso. Podemos estirarlas para saber cuánto miden, propone otro levantando los brazos. ¡El modulor de ranas! Y así nos olvidamos de los 40 grados, de la madrugada y el ayuno, la única preocupación parece ser resolver el problema de vivienda de las ranas. 

La charla avanza hasta dimensionar las juntas previendo un posible crecimiento familiar y quién sabe dónde hubiera terminado si no hubieran abierto las puertas para entrar a conocer una de las maravillas del mundo.

12/JUL 2016

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